La sed

[Y la sed se hizo]
Tu sed me sacia.
Tu sed me da seda.
Que ceda tu sed: qué seda.
Tu sed es mi oasis.
Tu sed es mi forma secreta de beber.
Soy sedentario porque me niego a abandonar tu sed.
Tu sed es de una era anterior al agua.
Tu sed es la verdadera ruta de la seda.
Sé de seda: una oruga sedienta.
La sede de tu sed es mi ceder.
Cómo me gusta ceder al asedio de tu sed.
Sé de tu sed: cede ante mí.
Déjame ser tu sed: deja mecer tu sed.
Llevo tu sed en una alforja para atravesar el desierto.
Subo a la cima de tu sed para beber sin pausa.
Tu sed es un territorio dispuesto a ser conquistado a fuerza de beber.
Tejo la red de tu sed con la paciencia de la araña que desea.
El deseo es la sed de tu sed.
Nunca digo de tu agua no beberé porque siempre me da sed.
Voy a tatuar tu sed en la espalda del agua.
Ser sed. No ceder. No sedar. No darse a la seda. No desear el sedal. Beber, largamente beber.
Detrás de tu sed, la arena. Detrás de la arena, la noche. Detrás de la noche, el sudor. Detrás del sudor, mi sed. Ven: somos sedes vivas.
!--EndFragment-->


Gabriela Saenz dijo
La sed...
Lo leí hace días (casi una semana) pero no lo comenté.
Contundente.
Tu poesía tiene una fuerza básica en su origen, es primigenia; no quiero decir que no me guste tu prosa, pero como poeta leo mejor poesía. (Y la tuya es muy buena).
Este poema me golpeó fuerte...!
¿Será posible ser agua? Agua... ¿o vale ser, sólo sed?
El cierre: estupendo. No quise dejar pasar el comentario.
31 Agosto 2011 | 11:40 PM